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SARCOPENIA ES MUCHO MAS QUE PERDIDAD DE MASA MUSCULAR

EL EJERCICIO COMO DETONANTE DE SALUD DE LA POBLACION

El papel positivo del ejercicio sobre la diabetes se conoce desde hace muchos años. Sin embargo no es un concepto aceptado universalmente; es por ello que desde hace muchos años se está tratando de documentar dicha aseveración; mediante estudios científicos; ya que así como habemos quienes estamos convencidos de sus beneficios hay un gran número de personas que afirman lo contrario dando sus razones.

Actualmente se recomienda la práctica deportiva regular a las personas diabéticas porque junto con la propuesta alimentaria y el tratamiento farmacológico, es uno de los pilares importantes de su tratamiento. Cada día encontramos más pacientes preocupados en su buen control y busca ingresar a un programa de capacitación en rutinas de ejercicios y actividad física, manejo de emociones y modificación de sus prácticas de alimentación. Si ponemos en la balanza por dónde empezar la búsqueda de un buen control diabético; como número uno; será incrementar la actividad física.

Las personas con diabetes en descontrol tienen un catabolismo proteico acelerado y tienden a perder masa muscular; es por ello que deben programarse para hacer ejercicio diariamente. Sin embargo en cualquier persona sana que no practique una actividad física frecuente o sedentaria sucede la misma autodestrucción; con serias consecuencias metabólicas (Desarrollan, Diabetes, Obesidad, Dislipidemias, Depresión). El musculo representa el 50% del peso corporal en adultos; mediante múltiples investigaciones se ha demostrado que no solo nos ayuda a movernos; también cumple funciones metabólicas, endocrinas, psíquicas y termorreguladoras. El envejecimiento trae consigo una pérdida gradual de masa muscular fuerza y funcionalidad. Esto ocurre de manera acelerada dado la multitud de factores fisiológicos (neuronales, endocrinos, musculares) así como del estilo de vida (nutrición, actividad física). La sarcopenia es, etimológicamente, la reducción cuantitativa de masa muscular. Pero, al analizar sus implicancias funcionales, nos damos cuenta que, es mucho más que eso y las consecuencias de la disminución de masa magra son graves para la salud humana.

Con la pérdida de masa muscular se produce una reducción en el índice metabólico lo cual puede llevar a un aumento de peso indeseado por la acumulación de grasa en su organismo. Asimismo, se incrementa la resistencia a la insulina, se pierde masa ósea, reduce la capacidad cardiovascular, de empeorar la postura alteraciones que provocan enfermedades. Se ha demostrado que el entrenamiento físico permite mantener el músculo joven sin que se deteriore su contractibilidad y así, se evita la reducción de la fuerza que es, en la mayor parte de los casos, invalidante y origen de perdida de equilibrio, caídas y fracturas; además de ser causa primordial de mayor o menor dependencia de los adultos mayores para realizar las actividades de la vida diaria. Esta sarcopenia en algunos casos tratables y en otros apenas controlables, de acuerdo a la disciplina de cada persona en realizar ejercicios; sin embargo con los años, nuestro cuerpo sufre una serie de cambios en la composición corporal que provoca un aumento del peso graso y un descenso de la masa magra. Esta pérdida de masa muscular lo más común es que se asocie con el envejecimiento, acontecimiento biológico natural que conduce a cambios estructurales del aparato músculo esquelético, a las enfermedades crónicas y sus tratamientos. Sin embargo puede ocurrir en cualquier edad por falta de ejercicio provocando atrofia agravada por ese desuso o a la disminución en el consumo de proteínas de primera calidad. Desde el punto de vista fisiológico, la sarcopenia está provocada por la disminución de elementos contráctiles (Young et al, 1984), por la reducción del número total de fibras musculares (10% a partir de los 50 años), por la disminución del tamaño de las fibras musculares tipo II o de contracción rápida y por una pérdida de unidades motoras (Stolberg y Fawcett, 1982). El nivel de fuerza necesario para satisfacer las exigencias de la vida cotidiana no varía demasiado a lo largo de la vida. No obstante el proceso de envejecimiento y enfermedades postrantés trae consigo una disminución en la producción de fuerza máxima lo que dificulta la realización de las tareas que antes hacíamos fácilmente (Hakkinen, 1995). En este sentido, la disminución de esta cualidad física es el condicionante principal que provoca la dependencia de las personas ancianas, independientemente de otras variables como lo es el comportamiento que sufre el consumo máximo de oxígeno (VO2máx) con la edad (Fleg, 1988).

Síndrome de Fragilidad o espiral de Dependencia.

Se habla que el síndrome de fragilidad adquiere la forma de un círculo vicioso o “ciclo de la fragilidad” constituido por la sarcopenia, la debilidad muscular, trastornos de la marcha, inactividad física, disminución del índice metabólico y del gasto energético y malnutrición crónica. Un anciano podrá entrar al ciclo por uno o varios puntos a la vez que inexorablemente lo conducirá a un estado más grave que otro a ello se llama “espiral de dependencia”. Según estadísticas entre un 10 y un 25% de los sujetos mayores de 65 años pueden considerarse frágiles llegando al 46% a los 85 años de edad. Esta vulnerabilidad fisiológica sería la consecuencia de un deterioro de las reservas homeostáticas que concluirían en una menor respuesta al estrés. De todo ello hemos expuesto más arriba. Sin dudas que la detección precoz de esta problemática en un anciano puede ser la llave para impedir el agravamiento del síndrome. De allí que una vez diagnosticado, toda nuestra acción estará dirigida al movimiento como actividad primaria, a programas físicos adaptados y recomendaciones para rápidas modificaciones dietéticas nutricionales. El problema es serio; ya que menos del 20-25% de los adultos mayores hace una actividad física suficiente y apenas un 5% de los hombres y un 2% de las mujeres generan un esfuerzo físico adecuado como para aumentar la masa muscular (weibel, 2000).

Un dato por demás interesante es que tanto los músculos antigravitatorios como los de las extremidades inferiores pierden su fuerza con el doble de velocidad que los músculos más pequeños. Es en las piernas donde ocurren los más importantes descensos de tejido muscular asociados con el envejecimiento (Frontera, Hughes, Fielding, Fiatorone, Evans, Roubenoff, 2000), los que acarrean la pérdida de las capacidades funcionales (Hunter, Thompson, Adams, 2000), termorreguladoras (Anderson GS, 1999) e inmunitarias (Mariani, Ravaglia, Forti, Meneghetti, Tarozzi, Maioli, et al, 1999) así como un deterioro del estado nutricional. Estas modificaciones alteran los depósitos proteicos tanto como la funcionalidad muscular de una manera significativa, de allí que algunos investigadores sostengan que la sarcopenia sea la causa primaria de la fragilidad. Todo esto, asociado a una inconveniente nutrición, desencadenará más tarde o más temprano en un desorden orgánico general que repercutirá en la vida cotidiana. Aunque la morbilidad y la mortalidad de este síndrome se consideran elevadas, teóricamente su prevención y tratamientos aparecen como de fácil resolución. Un primer paso consiste en el diagnóstico, para lo cual se consideran 5 aspectos de los cuales 3 son suficientes para concretar el mismo (Fried, Tangen, Walston 2001), a saber:

1.Fatiga
2. Pérdida de más de 4.5kg de peso corporal en un año
3. Falta de actividad física
4. Disminución en la velocidad de caminar
5. Menor fuerza de prensión medida por dinamometría

TRATAMIENTO

Como una manera de ayudar al control de la pérdida proteica, se ha sugerido suplementar con alrededor de 1.5gr/kg. a 2gr/kg. de peso corporal y por día de proteínas, principalmente provenientes del suero de la leche y huevo, así como incorporar aminoácidos de cadena ramificada. Sin dudas que estos valores de suplementación proteica están muy por encima de lo que habitualmente se sugiere para la persona normal que fluctúa en los 0.7 a 0.9gr/kg. de peso corporal. En este punto, será el especialista en nutrición el que valorará las consecuencias de dicha ingesta por sus potenciales repercusiones orgánicas.

Solo 3 consejos haga, ejercicio, haga ejercicio y el tercero haga ejercicio.20 minutos diarios. Ir de 10 en 10. Ideal llegar a 300 minutos a la semana de actividad física. Sumar al menos 5mil pasos a la semana pero que cada vez sean lo más rápido que puedas. La cantidad e pasos se miden con tu podómetro. El ejercicio debe ser de bajo impacto por poco tiempo pero intenso: si caminas hazlo rápido; por ejemplo si de tu carro a tu trabajo o de tu casa al supermercado o de tu casa al camión hazlo lo más rápido que puedas; ya que al forzar tus músculos a contraerse intensamente aunque sea por un periodo corto es importante tus músculos van a seguir contrayendo por varias horas más y eso depende de lo intenso del ejercicio. Por esa razón lo que hagas de actividades en tu trabajo aunque subas o bajes constantemente ese ejercicio solo agotara tus músculos; pero no sé, traduce en contracciones benéficas que contribuyan a un beneficio Cardiometabolico; más bien te darán agotamiento y cansancio intenso al final de, la jornada porque no te mueves adecuadamente.

El “Síndrome de fragilidad” sucede principalmente en edad avanzada pero puede suceder en cualquier época de la vida por sedentarismo. Se caracteriza por cursar con manifestaciones clínicas bien diferenciadas: pérdida de peso, anorexia, astenia y debilidad general. Además de otros cambios fisiológicos a destacar por su importancia para la calidad de vida: aumento del tono simpático basal, lo que incrementa la liberación de cortisol y que a su vez repercute en el aumento de la resistencia a la insulina, en la pérdida de masa ósea y muscular y en el deterioro de la respuesta inmune, con susceptibilidad a infecciones. Así, el síndrome de fragilidad entonces cursa con fenómenos clínicos típicos como lo son la debilidad general, la anorexia, la pérdida de peso, la atrofia muscular, la reducción de la masa ósea, y alteraciones en la marcha y el equilibrio. Sin dudas que todo esto a es un cuadro definitivamente grave toda vez que un anciano con síndrome de fragilidad es una persona con una alta potencialidad de padecer caídas por inestabilidad motora, de presentar cuadros recurrentes de patologías por debilidad del sistema inmune, y con un alto deterioro funcional. Hay consenso en afirmar que una reducción de esos valores en la capacidad funcional máxima bien puede servir de parámetro para encuadrar la problemática en una potencial fragilización del individuo adquiere la forma de un círculo vicioso o “ciclo de la fragilidad” .

CONCLUSIONE:

No pongamos en riesgo nuestra salud, calidad de vida y nuestra vida misma eligiendo el sedentarismo. Siempre es más conveniente y saludable un cuerpo activo que te acompañe con el paso de los años.

DR. ROBERTO HOLGUIN ALMADA

ENDOCRINOLOGIA Y NUTRICION

CLINICA DE OBESIDAD DEL GRUPO DIABETICO 2000

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